“Después de tres horas de camino, Louseau, recogiendo las cartas, dijo:

-Tengo hambre.”

Guy de Maupassant

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lunes, 17 de diciembre de 2012

Fotografía de Ury Enríquez.


Un encuentro con María Sánchez-Guerra.


POR URY ENRÍQUEZ



     Encontrarse con la obra de la joven artista onubense María Sánchez-Guerra (Huelva, 1988) es similar a entrar en un juego donde espectador y creador se enlazan en un diálogo subjetivo: descifrar las pistas, establecer las relaciones, percibir las huellas. El juego se transforma en una búsqueda, del que observa y de la propia creadora: el espectador se convierte en participante y casualmente, o deliberadamente, en protagonista.

  Egresada de la licenciatura de Bellas Artes (Universidad de Granada, 2012), la obra plástica de la onubense se nutre de relaciones duales en práctica, esencia y técnica: el azar y la teoría, lo personal y lo colectivo, la multidisciplina pictórica y lo conceptual.  

EL AZAR Y LA TEORÍA

     En su propio camino encuentra accidentes o casualidades que desembocan en la causa de un proyecto. Ya en su libro LA VUELTA AL DÍA EN OCHENTA MUNDOS, Julio Cortázar defiende la creación de Rayuela cómo “Adán, cibernética y minuciosamente, lo que delata su nombre apenas se lo lee al revés: nada”.2  Así actúa el proceso creativo de la artista española. El azar  crea una guerra ordenada donde jugar con las circunstancias deriva en construcciones conceptuales o pictóricas que muestran fragmentos de una causa, que viene a ser ese “adán o nada” de Cortázar. Es un juego, pero también es catarsis.

    En este juego, que nunca deja de ser búsqueda y experimentación, la elección de la artista se guía en otra dualidad: lo teórico y lo fortuito.

LO PERSONAL Y LO COLECTIVO

    Su vida se cruza en el proceso de su obra, como punto de partida y causalidad que fluye. En el proyecto titulado “M”, parte del papel de la madre y explora los diferentes tipos de presencia que tiene esta persona en su memoria y presente, buscando crear una conexión con la percepción-vida del espectador, al evocar figuras (la madre, ella misma) y momentos de su intimidad con un inconsciente colectivo.

    Un colectivo desconocido es protagonista en su proyecto CONTACTO. La dualidad y el azar se reparten por vía democrática el nacimiento de esta obra, siendo dos fotografías (una de su propia familia y otra encontrada casualmente)  las detonantes creadoras. La suma resultante de las personas que aparecen en las dos fotografías (13+24= 27) se repite como pista y recordatorio de la causa.  La artista elige un número (122) y se vale de las herramientas básicas de la comunicación para su proceso: mapas, llamadas telefónicas y postales.  Con el mapa de su ciudad de residencia (Granada) y un directorio telefónico de la misma, construye una red de intersecciones con la cuál delimita su colectivo a 122 números telefónicos (personas). La exploración de las relaciones humanas lleva a la construcción de una deliberada intercomunicación entre la artista y las 122 personas. El resultado pende de la decisión del colectivo a participar o no en el diálogo y a la respuesta creativa de la artista.

    En conclusión, crea un mapa de un encuentro entre ella (su vida) y otras 122 personas (la vida).

LA MULTIDISCIPLINA PICTÓRICA Y LO CONCEPTUAL

    Los mapas de María Sánchez-Guerra no solamente son creados por procesos que confrontan su persona con la otredad, sino por momentos donde el dibujo y la pintura se funden con el collage y crean imágenes que parecen ser fragmentos de ese “Adán-Nada” de Cortázar.  El encuentro de su multidisciplina pictórica es entre la pincelada y el grafismo, entre la memoria y la intuición.

    Sus dibujos-pinturas son una ventana de un momento del mirar de la artista a través de una paleta seria y en armonía con la línea, la explosión, el buen gusto y lo ilógico.

   Si la seriedad, escribía Man Ray una vez, fuera desterrada de nuestro vocabulario, arreglaría muchas cosas.  Si ese aspecto fuera desterrado del trabajo de María Sánchez Guerra, tanto pictórico como conceptual, perdería su encanto, ya que éste, más que una característica descriptiva de su proceso y quehacer, es un accidente de su propia naturaleza. 



1 BORGES, Jorge Luis. Cuentos Memorables según Jorge Luis Borges. México, ALFAGUARA, 2012. pp 310
2 CÓRTAZAR, Julio. La vuelta al día en ochenta mundos, Tomo I. México, Siglo XXI  Editores, 2011. pp 42

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